domingo, 18 de mayo de 2014

–Usted ve bastante cine de sus colegas. ¿Qué films recientes le interesaron?
–Con los años, mi gusto por un cine que podría llamar clásico (digamos Lubitsch o Renoir o todo el film noir de los años ’40) no ha disminuido. Pero he pasado a sentirme más cerca, más en diálogo, con un cine que rompe con lo narrativo y la comunicación inmediata. No veo los grandes espectáculos recientes porque me parecen banales cuanto más efectistas. Veo mucho cine argentino de jóvenes. Una película que me sacudió muy fuerte es P3nd3jo5, por la maestría de Perrone para orquestar tantas apuestas audaces: la vuelta al cine “mudo” (que no significa sin sonido porque hay una admirable banda sonora que sin interrupción durante las tres horas del film mezcla cumbia con Puccini), la discontinuidad entre toma y toma (para un criterio escolar, de manual), los bordes oscurecidos a lo Griffith, finalmente eso que a mí me toca más, la presencia de los muertos. (Escribí en el libro Lejos de dónde: “Los muertos siempre vuelven y las víctimas son los muertos más tenaces”.) Pero podría hablarte de films que están en una búsqueda diferente y también me parecen únicos: Cornelia frente al espejo, de Daniel Rosenfeld, o Viola, esa temprana perfección de Matías Piñeiro. Creo que lo único que vale hoy es hacer algo que no imite ni pretenda parecerse al cine de consumo.

Fuente; Pagina 12- Ciudad de Buenos Aires.-

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